¡Cómo vuela el tiempo! ¡Ya estamos en el mes de junio! Hace 4 días empezamos el año 2026.
Hoy quiero hablaros de un tema que me ha fascinado descubrir: el colágeno para la piel.
Hace unas semanas, volviendo a casa con unas amigas después de hacer una reunión para hablar de la limpieza de hígado de 21 días, cerca de unos contenedores de basura, me llamó la atención una banqueta. Era de color blanco sucio azulado, tenía un brazo y un barrote del pie rotos. A pesar de ello, yo le vi potencial y, entre todas las compañeras, me ayudaron a cargarla en el coche.
Cuando Raimond me vio aparecer en casa con la banqueta, me miró y me dijo: «¿Ya has vuelto a recoger un trasto? ¿Qué quieres hacer con eso?».
Con un poco de paciencia, la pulí, reparé su estructura, le apliqué betún de Judea para darle ese tono envejecido y la engomé. Ahora luce preciosa en la escalera principal de casa.
Mientras la arreglaba, me vino una reflexión a la cabeza: si somos capaces de restaurar la estructura de un mueble viejo, reforzar sus pilares y darle una segunda vida, ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo con nuestro propio andamiaje interno?
Hace unos cuantos años que oigo hablar de que hay gente que toma colágeno, pero como afortunadamente no tengo problemas articulares, nunca había profundizado en ello. Pero ahora el tema me ha enganchado por una razón muy distinta, y a lo largo de este artículo os contaré el motivo.
¿Sabes cuántos tipos existen y cuál es el mejor colágeno para la piel?
El colágeno no es solo un suplemento de moda; es la proteína más abundante de nuestro cuerpo.Imagínate que es como el “pegamento” o el andamiaje que mantiene unidos todos nuestros tejidos. El problema es que, a partir de los 25 o 30 años, nuestro cuerpo va disminuyendo su producción de forma natural, y es entonces cuando empezamos a notar que la piel pierde firmeza o que las articulaciones se quejan. En el caso de las mujeres, este proceso sufre una caída en picado con la llegada de la menopausia: durante los primeros cinco años se puede llegar a perder hasta un 30% del colágeno para la piel, y a partir de ahí la reducción continúa a un ritmo de alrededor del 2% cada año.
Aunque se han identificado hasta 28 tipos de colágeno diferentes en el cuerpo humano, hay tres que son los protagonistas absolutos. Y aquí es donde la ciencia me hizo pensar directamente en mi “banqueta restaurada”.
Tal como explica el Dr. Stephen Nugent (Director de Ciencia de Mannatech), para entender nuestra piel y tejidos debemos entender sus pilares fundamentales:
- Tipo I (La Estructura): Haciendo un símil con el mueble, sería la madera maciza. Es el más abundante (¡representa aproximadamente el 90% de todo el colágeno de nuestro cuerpo!) y proporciona la resistencia y la firmeza. Se encuentra en la piel, el cabello, las uñas, los huesos y los tendones. Su pérdida es lo que hace que la estructura se debilite, la piel se vuelva más fina, se vacíe y pierda su volumen natural.
- Tipo II (El de las Articulaciones): Si seguimos con el mueble, serían los tacos de goma que ponemos bajo las patas para que no rayen el suelo, o el aceite de las bisagras. Este actúa exclusivamente como amortiguador en nuestras articulaciones y cartílagos. El objetivo, pues, no es solo poner “madera” nueva, sino reconstruir este andamiaje vital para no tener dolor al movernos.
- Tipo III (El Andamiaje y la Flexibilidad): Serían los tornillos y la red que permiten que la estructura se aguante firmemente. En nuestro cuerpo, este tipo se encuentra principalmente en los músculos, los órganos internos y los vasos sanguíneos. Este Tipo III trabaja estrechamente con otra proteína fundamental: la elastina, que serían literalmente los “muelles” de nuestro mueble. El gran problema es que, al envejecer, perdemos tanto Tipo III como elastina. ¿Qué pasa entonces? Que la madera (Tipo I) quizás esté ahí, pero como fallan los anclajes y los muelles pierden tensión, la piel pierde su capacidad de rebote.Se estira por el peso o el movimiento (como cuando sonreímos o gesticulamos), pero no tiene la flexibilidad para volver a su posición original. Estos pliegues no se recuperan y se quedan marcados, formando las arrugas profundas.
Para entender esta pérdida de elasticidad de manera muy didáctica, el otro día Raimond me recordaba una anécdota: cuando él era pequeño, se pasaba ratos dando pequeños pellizcos en la piel de la mano de su abuelo para comprobar cómo no volvía enseguida a su sitio. En cambio, si hacía la misma prueba en su propia mano de niño, eso no pasaba; la piel volvía siempre e instantáneamente a su posición original. ¡Este “rebote” es exactamente lo que perdemos.!

No sé si tú todo esto ya lo sabías, pero para mí fue una novedad, y aquí me empecé a interesar por el tema. Entendí que al buscar el mejor colágeno para la piel, de rebote también estamos ayudando a mejorar el cabello, las uñas, los huesos, los ligamentos, los tendones, los músculos, los órganos internos (como el intestino…) y las arterias (los vasos sanguíneos). ¡Caramba! ¡Estas son partes de la unidad del cuerpo muy importantes!
¿Y qué alimentos llevan colágeno?
1. Fuentes directas (Alimentos de origen animal). El colágeno puro solo se encuentra en partes estructurales de los animales.
- Caldo de huesos:
- De pollo: Muy rico en Tipo II, proveniente de los cartílagos, cuellos y patas. Es el ideal para la salud y la lubricación de las articulaciones.
- De ternera o cerdo: Aporta principalmente Tipo I y Tipo III, que favorecen la estructura de la piel, los huesos y la salud intestinal.
- De pescado: Al estar formado casi exclusivamente por Tipo I, es una fuente excelente de colágeno para la piel.
- Pescado con piel y espinas (Colágeno marino): Aporta mayoritariamente Tipo I, ideal para la piel y el cabello. Mucha gente lo busca creyendo que es la mejor opción, pero presenta grandes retos: si te comes la piel entera y cruda, la digestión es dificilísima para el cuerpo humano. Si haces caldo, mejoras la situación, pero (como explicaremos más adelante) la absorción sigue sin ser perfecta. Además, su sabor intenso o las alergias al pescado lo hacen inviable para muchas personas.
- Gelatina pura: Como se elabora habitualmente a partir de pieles, huesos y tejidos conectivos de bovino o cerdo, su composición es una mezcla de Tipo I y Tipo III. Favorece la piel y los tejidos internos, pero atención: no está hidrolizada (es decir, no está rota en péptidos minúsculos). En consecuencia, el cuerpo tiene que trabajar mucho más para absorberla y su eficiencia es menor.
- Carnes densas: Aportan principalmente Tipo I (que proviene de los tendones y la fascia que recubre el músculo) y Tipo III (presente en la estructura interna del músculo y en los vasos sanguíneos).
Pero yo habría jurado que había visto en alguna dietética colágeno vegano, creo que era de algas… Pues bien, mucha gente cree que comiendo muchos vegetales, algas o ciertas semillas está ingiriendo colágeno. No existe un verdadero colágeno de origen vegetal.
Si eres vegetariano o comes poca proteína animal, no estás ingiriendo colágeno directo (yo no como carne pero como mucho pescado). La única manera de mantener la piel firme en estos casos es asegurarte de que comes muchas fuentes de Vitamina C y aminoácidos (los “fabricantes”) para que tu cuerpo haga el trabajo desde cero.
Pues ahora hablemos de quiénes son los fabricantes de colágeno.
2. Los “Fabricantes” (Nutrientes esenciales y opciones vegetales). Si no se comes partes animales (o no en cantidad suficiente), el cuerpo puede fabricar su propio colágeno si le damos los materiales adecuados (aminoácidos) y los “obreros” (vitaminas y minerales).
- Vitamina C: Es absolutamente imprescindible.Sin ella, el cuerpo no puede enlazar los aminoácidos para formar el andamiaje de colágeno. Encontramos dosis altas en los cítricos, el pimiento rojo, las fresas y el brócoli.
- Zinc y Cobre: Minerales esenciales para la producción. Aunque los vegetales como las semillas de calabaza, las nueces o las lentejas los contienen, cabe destacar que las fuentes de origen animal son las más ricas en zinc. Además, tienen una gran ventaja: no contienen fitatos. Los fitatos (presentes en el mundo vegetal) actúan como “antinutrientes” que dificultan que el cuerpo absorba bien este mineral. Por lo tanto, el zinc animal tiene una mejor absorción.
- Aminoácidos clave (Prolina, Glicina, Lisina): Se pueden conseguir combinando proteínas vegetales (legumbres, espárragos, tofu) o bien a través de la clara de huevo.
- Antioxidantes: Frutas del bosque o té verde, que no fabrican colágeno pero evitan que los radicales libres destruyan el que ya tenemos.
El reto de la vida real: el volumen de alimentos
La teoría suena muy bien, pero la práctica es muy diferente. Aunque tengamos toda esta lista de “fabricantes” vegetales a nuestro alcance, la realidad es que para conseguir las dosis adecuadas de aminoácidos y nutrientes (vitaminas, minerales y antioxidantes) para generar un impacto real, tendríamos que comer cantidades enormes de estos alimentos cada día.
Seamos sinceros: es poco realista mantener este volumen de comida y esta combinación matemática de nutrientes con nuestro ritmo de vida actual. Por este motivo, yo hace años que tomo un complejo completo de vitaminas, minerales y antioxidantes (el Catalyst) que me cubre esta carencia.
Y aquí entra el juego la famosa “Biodisponibilidad” (lo que realmente absorbemos)
Mucha gente opta por fuentes naturales para conseguir colágeno para la piel, como hacer caldos de espinas de pescado o huesos. Es cierto que si hierves estos alimentos a fuego lento durante 6 horas (o más), el calor consigue romper esa proteína gigante y transformarla en gelatina. Esto hace que el alimento sea mucho más fácil de digerir que si te comieras el tejido intacto. ¡Es un alimento tradicional y fantástico!
Sin embargo, aquí hay un matiz crucial: esa gelatina que nos comemos sigue estando formada por cadenas de aminoácidos bastante grandes. Tu estómago y tus intestinos todavía tienen que hacer un gran esfuerzo digestivo para seguir cortando estas cadenas en trocitos aún más minúsculos para poder absorberlos y que lleguen a la sangre. En todo este proceso, se pierde mucha eficiencia y no podemos controlar cuántos de esos “ladrillos” llegarán realmente a la piel o a las articulaciones.

Mi reto personal y la magia de los péptidos
Pues bien, hace unos meses vi que Mannatech había sacado un Colágeno masticable que resolvía exactamente este problema de la absorción.
Tengo que confesar que tenía cierta reticencia inicial. Se sabe que, en su forma natural o en caldos, el colágeno de pescado suele ser hasta 1,5 veces más biodisponible (fácil de absorber) que el de carne, y como ya sabéis, yo solo como pescado. Al ver que este producto era de origen bovino, dudé.
Pero la ciencia me hizo abrir los ojos: resulta que cuando hablamos de suplementos de alta calidad, la clave del éxito ya no es el animal de origen, sino la biotecnología. A diferencia de un caldo (que es una rotura térmica parcial), este colágeno está hidrolizado con tecnología avanzada. Es decir, en el laboratorio ya han hecho el trabajo del estómago y han cortado el colágeno en “péptidos” pequeñísimos.
Este colágeno masticable utiliza los péptidos bioactivos VERISOL®. Al estar reducidos a este tamaño exacto y diminuto, se iguala por completo la biodisponibilidad: el cuerpo no tiene que digerirlos con esfuerzo, se absorben rápidamente, pasan a la sangre casi intactos y actúan como mensajeros inteligentes para que tus propios fibroblastos vuelvan a fabricar colágeno para la piel de forma natural.
Quería comprobar si esto era cierto en mi propia piel.
Para poder hacer las comprobaciones, me hice fotos antes de empezar. Para asegurarme de que siempre haya la misma claridad, bajo la persiana de mi baño y con la luz encendida Raimond, mi marido, me hace la foto, poniendo la fecha en cada una.
El reto es ver si hay mejora. Aunque me haría mucha ilusión que me disminuyeran las arrugas, sabía que no era lo más importante; las arrugas son un indicador desde el exterior de lo que realmente está pasando en el interior de mi cuerpo. Lo más importante son los huesos, los ligamentos, los tendones, los músculos, los órganos internos (como el intestino), las arterias…
Como Mannatech asegura que este colágeno para la piel ha sido sometido a estudios con resultados clínicos irrefutables (utilizan los péptidos bioactivos VERISOL®, basados en el estudio Proksch et al.), quise saber qué decía exactamente la ciencia.
Según este estudio, con solo 4 comprimidos masticables al día, los resultados en la piel son totalmente medibles:
- -20% de reducción en el volumen de las arrugas (las famosas “patas de gallo”) en 8 semanas.
- +65% de aumento de pro-colágeno tipo I (nuestro propio cuerpo se activa para volver a fabricarlo).
- +18% de aumento de elastina (nuestros “muelles” para recuperar el rebote)
- Una mejora significativa de la textura, la hidratación y la elasticidad de la piel.
Pero lo que me convenció del todo fue el llamado “Efecto Memoria”. Lo más impresionante de este estudio es que los beneficios persisten hasta 4 semanas después de haber dejado de tomar el suplemento. Esto demuestra una reparación estructural real de nuestro “andamiaje” interno, y no un simple efecto cosmético pasajero.
La ciencia decía eso, pero yo quería la prueba del algodón y empecé a tomarlo. Los primeros días notaba una diferencia al tacto de la piel de mi cara, pero no se veía nada físicamente. He sido constante tomando la dosis diariamente, y hemos ido haciendo foto cada mes para ver la evolución y a partir del segundo mes ya se notaban diferencias significativas. Aquí veis lo que me ha pasado desde la primera foto el 22 de enero a la última foto del 2 de junio de 2026:

Fíjate en el contorno del ojo. Lástima que no empecé antes!
Pero si esto es lo que se ve por fuera, ¡me emociona pensar lo fuerte que se está poniendo mi estructura por dentro! Esto me anima muchísimo a continuar…
Es un proceso tan positivo que lo tenía que compartir contigo.
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Junio 2026