¡¡Espero que hayas disfrutado del verano y de las vacaciones!!
Hoy creo que te haré pensar y reflexionar.
¿Te ha pasado alguna vez que lees información sobre las propiedades de una planta o de un complemento alimenticio y, cuando terminas, no has entendido realmente para qué sirve? No es culpa tuya, ni tampoco de quien lo escribe. Es cuestión de normativa.
Hace unos años Raimond y yo oímos hablar de lo mucho que se había endurecido la normativa europea sobre los complementos alimenticios. Queríamos saber si Gliconutrientes.es cumplía al 100% con la legalidad, así que hicimos una revisión exhaustiva de toda la web. ¿El resultado? Casi todo lo que decíamos, aun estando basado en literatura científica, estaba prohibido.
Hemos pasado los últimos meses trabajando intensamente, y rompiéndonos la cabeza, para rehacer toda la web.
La normativa nos ha dado la vuelta a la web: te contamos todo lo que hemos aprendido.
En Europa, el Reglamento (CE) n.º 1924/2006, aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo, establece que a un alimento (y los complementos alimenticios lo son) solo se le pueden atribuir los beneficios para la salud que hayan sido autorizados expresamente. Cada uno tiene su papel: la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) evalúa la evidencia científica, y es la Comisión Europea quien decide qué declaraciones se autorizan y las publica en un registro público que puedes consultar tú mismo. En España, la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) fija los criterios de aplicación, pero quienes inspeccionan y sancionan son las comunidades autónomas. Y si un producto se presenta como si fuera un medicamento, quien dice la suya es la AEMPS, la agencia del medicamento. Hay un listado cerrado y muy estricto de las declaraciones que se pueden hacer. Por ejemplo: durante años no se podía ni usar la palabra “probiótico”. En España, la AESAN lo permite en los complementos alimenticios desde 2020, pero con una condición que lo resume todo: la palabra no puede ir acompañada de ninguna declaración de propiedades saludables. Es decir, puedes llamarlo probiótico, pero no puedes decir para qué sirve. Por eso nosotros hablamos de “microorganismos vivos” y nos centramos en lo que se puede comprobar. Tampoco podemos atribuir ningún efecto a la “flora intestinal” de la que nos hablaban las abuelas (lo que hoy la ciencia llama microbiota), ni hablar de “repoblarla”. Y no es una interpretación nuestra: en el registro europeo hay decenas de frases de este estilo, como “ayuda a regular tu flora intestinal” o “equilibra la flora intestinal”, y todas constan como rechazadas. Ojo, que no haya confusión: “flora intestinal” y “microbiota” son palabras que se pueden decir sin ningún problema. Lo que no se puede es atribuirles efectos.
Y aunque un estudio científico moderno muestre un efecto concreto de una cepa de microorganismos, no lo podemos usar como argumento si esa declaración no está en la lista autorizada. Además, atribuir a un alimento propiedades para prevenir, tratar o curar enfermedades está directamente prohibido: eso queda reservado a los medicamentos.
Y aquí hay una pregunta que se hace mucha gente: ¿por qué no se hacen estudios para ver si un complemento trata una enfermedad? La respuesta no es científica, es legal y también económica. Te lo explico paso a paso. Imagínate una empresa que vende un complemento alimenticio y que un día decide hacer un ensayo clínico serio para ver si sirve para una enfermedad concreta. Hacer el estudio no está prohibido: quien quiera, lo puede hacer. Lo que está regulado es qué podrá decir después, y cómo podrá vender el producto. Si el estudio sale mal, se han gastado el dinero y no han ganado nada. Y si sale bien, tampoco lo pueden explicar, porque un producto que se presenta como destinado a tratar una enfermedad deja de ser legalmente un complemento alimenticio y pasa a ser un medicamento. Y para vender un medicamento hay que registrarlo como tal: años de pruebas, una inversión enorme y venta solo en farmacias. O sea que, o se convierten en una farmacéutica, o callan. Este es el callejón sin salida: salga como salga el estudio, no lo podrán usar para vender el producto tal como es. No es una cuestión de rigor científico, sino de dos categorías legales con reglas de comunicación distintas. Las normas de los complementos alimenticios y las normas de los medicamentos.
Por lo tanto, que casi no se pueda hablar de beneficios para la salud de una planta o de un complemento alimenticio no dice nada ni positivo ni negativo sobre sus propiedades: es solo un tema legal.
La estrategia con productos pioneros: el caso de los glicanos

Esto nos ha llevado a situaciones curiosas. Hay productos pioneros que se adelantaron décadas a su tiempo, como el Ambrotose Complex, que están formulados a base de polisacáridos vegetales complejos. En biología, estas moléculas se llaman científicamente glicanos, aunque en el sector de la nutrición se conocen comercialmente como gliconutrientes (¡y sí, de ahí viene precisamente el nombre de nuestra web, gliconutrientes.es!). El problema es que para estos ingredientes no hay ninguna declaración permitida en la lista europea de declaraciones autorizadas. ¿Qué podemos hacer en estos casos? Pues recurrir a los datos objetivos. No te podemos atribuir ningún efecto, pero sí que te podemos explicar datos reales, como el peso molecular de estos gliconutrientes extraídos del aloe vera, las patentes que los protegen o la composición de la fórmula. Incluso hay estudios publicados sobre el Ambrotose, y los encontrarás todos en el módulo 6 de la web, con su diseño, su financiación y sus límites, incluidos los dos que no encontraron nada. Ninguno de ellos nos permite prometerte nada, porque en la Unión Europea no hay ninguna declaración autorizada para estos ingredientes, pero los puedes leer y juzgar tú mismo.
Por eso nuestro vocabulario está tan limitado, sobre todo si lo comparamos con países como Estados Unidos, donde la divulgación de estos productos es mucho más flexible.
Ahora entiendes por qué casi no hay grandes ensayos clínicos sobre plantas y complementos: no es que no interesen científicamente, es que no hay manera de recuperar la inversión. Una planta no se puede patentar, y sin patente nadie se gasta los millones que cuesta un ensayo. Alguna vez me he preguntado si estas normas están hechas por el bien de las personas o por el beneficio de alguna industria. No tengo la respuesta. Lo que sí tengo claro es que, cuanto más estrictas son las reglas, más fácil te resulta distinguir a quien te enseña datos de quien te los esconde o te cuenta cuentos.
Y hay otra cosa que me hace pensar: de las plantas casi solo oímos hablar cuando se habla de toxicidad. Las hay tóxicas de verdad, y hay prohibiciones bien justificadas, eso no lo discuto. Pero también hay casos que cuestan de entender. La estevia, sin ir más lejos, no se pudo vender como alimento en Europa hasta 2011, cuando se autorizaron los glucósidos de esteviol (el aditivo E-960). Podías comprar la planta, pero no se podían vender sus hojas para comer. ¿Y te has fijado en que no te he dicho para qué sirve la estevia? No es ningún olvido. Si te lo dijera, estaría haciendo exactamente lo que esta entrada explica que no se puede hacer. Así de literal es la norma.
Y todavía te doy otro, que es el que más me hace pensar. El dióxido de titanio (E-171) es el colorante que hace que algo sea bien blanco, y se había usado en alimentos y para recubrir comprimidos y cápsulas. En 2021 la EFSA concluyó que no se podía descartar que sus nanopartículas fueran genotóxicas y que, por lo tanto, ya no se podía considerar seguro como aditivo alimentario. La Comisión lo prohibió en los alimentos (Reglamento (UE) 2022/63) y, desde agosto de 2022, quien lo usaba tuvo que cambiar las fórmulas. En los medicamentos, en cambio, se dejó provisionalmente, porque la Agencia Europea del Medicamento avisó de que no había alternativas adecuadas y de que retirarlo de golpe dejaría medicamentos sin fabricar. La Comisión dio tres años a la industria farmacéutica para buscar sustitutos y, cuando se volvió a revisar en 2024, la conclusión fue que en la gran mayoría de medicamentos todavía no se puede cambiar: afecta al recubrimiento y a la manera en que se disuelve la pastilla, y hacerlo podría tardar más de diez años. Así que la situación, hoy, es esta: los comprimidos de los complementos alimenticios han tenido que dejar de llevarlo, como el resto de alimentos; los de los medicamentos, no. La misma sustancia, el mismo comprimido blanco, y dos respuestas distintas según en qué estantería acabe. No digo que sea ninguna conspiración. Pero una vez más no son dos ciencias distintas, son dos categorías legales distintas. Ha sido un recorrido frustrante, no te voy a engañar. Pero también ha sido un proceso educativo enorme del que hemos aprendido muchísimo. Hemos tenido que buscar las palabras correctas para cumplir la ley y, a la vez, conseguir que la información que te ofrecemos siga teniendo sentido y utilidad.
Hoy te podemos volver a ofrecer nuestra web www.gliconutrientes.es totalmente renovada, adaptada a la normativa europea (todavía estamos terminando las fichas de algunos productos). Esperamos que el nuevo enfoque te resulte igual de interesante (o más, porque ahora verás datos y no adjetivos). Es deliberado.
Y ahora que ya te he explicado el contexto, vamos a la práctica.
A Raimond y a mí nos haría mucha ilusión que entraras y leyeras nuestra web, que está traducida al castellano y al catalán.
¿De qué trata esta web?
En www.gliconutrientes.es hablamos de estos azúcares tan importantes llamados glicanos o gliconutrientes, que tienen un papel clave en la comunicación entre las células de nuestro cuerpo.
Si tenemos en cuenta que nuestro cuerpo está formado por 30 billones de células que trabajan constantemente, ¿cómo crees que se las arreglan para que no haya un caos y para que todo funcione con coherencia?
Pues se comunican entre ellas.
Los glicanos son como las letras que las células leen para sacar los mensajes, las órdenes y las instrucciones que necesitan para hacer bien su trabajo.
¡Es un tema fascinante!

Y pensar que en mi época hice el bachillerato científico y nunca había oído hablar de que las células se comunicaran.
Siempre había oído que había una comunicación a través del sistema nervioso, a través de las proteínas o de las hormonas. ¿Pero glicanos? Ni siquiera había oído esa palabra.
Y es porque, aunque hace ya bastantes años que se conocen los glicanos, se consideraban azúcares para aportar energía a nuestras células y poco más.
Y ahora sabemos que muchas proteínas y hormonas necesitan glicanos para hacer bien su trabajo. Incluso hay premios Nobel relacionados con los glicanos: el de Química de 2022, por ejemplo, fue para Carolyn Bertozzi por la química bioortogonal, que es lo que permitió estudiar los glicanos dentro de células vivas. Son premios de ciencia básica, no de ningún producto.
¿Cómo se lee nuestra web?

Encontrarás un recorrido de 7 módulos y cada módulo tiene una introducción que se lee en 30 segundos para que sepas de qué trata, también hemos preparado un pequeño vídeo en cada módulo donde podrás ver cómodamente el resumen de lo que trata, y si quieres saber más te recomiendo leer el módulo hasta el final.
El módulo 1: habla de qué son y cómo funcionan los gliconutrientes.
El módulo 2: hace un recorrido por los hitos más importantes de la historia de la glicobiología hasta el día de hoy.
El módulo:3: presenta uno por uno los 8 glicanos que forman la membrana de cada célula, llamada glicocálix.
El módulo 4: pone sobre la mesa cómo ha cambiado nuestra alimentación respecto a la de antes.
El módulo 5: presenta el Ambrotose Complex y de qué está hecho: polisacáridos vegetales de alto peso molecular.
El módulo 6: describe uno a uno los estudios hechos con Ambrotose, tal cual.
El módulo 7: explica por dónde tienes que empezar en caso de que quieras probarlo.
Finalmente hay un módulo sin número llamado ¿Sabías que…?, donde hablamos de curiosidades sobre nuestro cuerpo que, si no las sabías, seguro que te sorprenderán.
Si todavía quieres más, hay una pestaña llamada EVIDENCIA, donde encontrarás todas las referencias que aparecen en la web con sus enlaces.
Me gustaría mucho saber qué piensas de esta nueva etapa de la web www.gliconutrientes.es y de todo esto que hemos aprendido.

¿Te ha sorprendido lo restrictivas que son estas normas?
¿Habías oído hablar alguna vez de los glicanos?
¡Déjame un comentario aquí, me hará ilusión leerte y compartir impresiones!
¡Un abrazo, y hasta pronto!
Maria Eva
Septiembre 2026
Y el mes que viene te hablaré de los microorganismos vivos, aquella antigua flora intestinal, y de cómo hay que interpretar la etiqueta de los productos que los llevan.